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De como un gran invento se puede funar

Enviado por Hugo Martinez el 11/12/2008 a las 22:29
Hugo Martinez

Los supermercados son un gran invento. No dudo que en las ferias libres se ofrecen productos de igual o mejor calidad y a menor precio. Pero no se compara con el placer de llegar y salir  con las bolsas en el auto, disfrutar del aire acondicionado y aprovechar los baños en caso de necesidad.
Los supermercados tienen vida propia. Son como pequeñas naciones donde los pasillos son ciudades con identidad propia. En la sección de carnes, como que hay ánimo de asado. En la sección de artículos de cumpleaños, casi se escuchan niños gritando y persiguiendo al mago para descubrir que tiene debajo de la manga. En la sección de productos de aseo personal, se respira pulcritud y limpieza. Los supermercados tienen su propio dialecto. Es cosa de escuchar con atención al locutor (que suele ser el jefe de cajas, que aspira secretamente animar un programa radial) cuando dice seria y crípticamente: “B5, personal de aseo B5” o cuando notifica el hallazgo de  a algún niño perdido: “se encuentra en informaciones un menor que dice llamarse Pablo y que viste polera y jeans”. Siempre me parece que si el menor logró llegar a un guardia, identificarse y pedir que llamen a sus padres, el perdido no es él, son los padres. Debieran decir: “en el supermercado se encuentra una madre perdida, su hijo Pablo le pide que se acerque a informaciones”.
Los supermercados organizan la vida cotidiana. De qué otra forma sabríamos que se inició la temporada escolar, que se nos viene la semana santa (acompañada de una diversidad y formas de huevos de chocolate), que hay que prepararse para el invierno y tomar las medidas del caso (que normalmente implica renovar la estufa y aprovechar la oferta de calienta camas), que hay que cambiar la parrilla para las fiestas patrias, etc.
Los supermercados empoderan a las personas. ¿No me cree? Observe a los clientes navegando por pasillos, islas y góndolas premunidos de un carrito y de una lista de compras que suele ser superada por los estímulos y ofertas. Todo está al alcance de la mano, tanto lo necesario como lo prescindible. La libertad de escoger es total.
Los supermercados son definitivamente un gran invento.
Pero tienen un grave problema. El tiempo que hay que esperar en la cola (definida como hilera, fila o línea de personas) para pasar por la caja y pagar.
Cálculos extraoficiales inventados por mi, permiten establecer que alrededor del veinte por ciento del tiempo de permanencia en un supermercado, es consumido por la espera frente a la caja. Eso quiere decir que si invierte una hora y media semanal en un supermercado, al mes usted habrá perdido setenta y dos minutos en esta actividad. Al año esto equivale a más de catorce horas. Imperdonable.
Propongo al respecto dos medidas inmediatas:

  • La cuenta presunta. Al llegar a la caja cada consumidor establecerá el monto de su compra sin necesidad de pasar por el lector de código sus productos. El supermercado cree y confía en su cliente, por lo que esto funcionará sin problemas.
  • Fondo de estabilización al consumo minorista. Todo costará lo mismo para disminuir el proceso de suma. Basta con contar el número de productos, multiplicarlos por el valor establecido por el fondo y listo.

Reconozco que son ideas fantásticas, las comparto para simplificar la vida de todos los consumidores anónimos. Como retribución, sólo esperaré a que la Asociación Gremial de Supermercados de Chile me financie mis cenas de navidad y año nuevo.

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Enviado por Alexis Ibarra el 12/12/2008 a las 0:15
Alexis Ibarra

Yo creo que escribió este artículo para que Google le chantará un Adsense de alguna empresa de supermercados.

 


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