Basta de nominaciones en asambleas, cumbres, consejos directivos y otras agrupaciones selectivas y excluyentes. ¿Cómo se nos priva de la emoción de los animados y profunsos debates? ¿Cómo nos enteraremos de la vida íntima, los registros comerciales, las deudas provisionales y las posibles infidelidades conyugales de los que pretenden conducir nuestros destinos? ¿Qué harán las empresas de encuestas? ¿Qué material tendrán los panelistas de los exitosos programas televisivos de debate político?
¿Es que acaso no tendremos la oportunidad de conocer en detalle y con precisión las propuestas sobre educación, salud, seguridad pública, economía, globalización e identidad, integración de minorías, medioambiente, planificación urbana, desarrollo sustentable, ciencia y tecnología, relaciones internacionales, innovación y rescate del patrimonio cultural y social nacional?
He invertido una parte importante de mi tiempo en seguir con atención a un conjunto de distinguidas personalidades que se anunciaron a si mismos como precandidatos, todos ellos chilenos y chilenas dispuestos a entregar sus mejores años al servicio público en forma desinteresada. Y ahora me informo que a través de acuerdos a puertas cerradas, las nominaciones directas impedirán las primarias.
Indignante e impresentable. Considero que la única opción es organizar un movimiento ciudadano por la proclamación de la ley de primarias totales ahora. La propuesta se basa en la premisa de participación ciudadana: “un voto, un candidato”. A través de este mecanismo, todos los chilenos y chilenas inscritos y no inscritos en el servicio electoral tendrán derecho a postularse como candidato, para lo que estime conveniente y escoger a los que desee, para nominar candidatos a lo que considere adecuado.
Se definirá un día en el calendario para esta fiesta cívica, de tal forma de garantizar la concurrencia de todos los electores y candidatos a los puntos de sufragio. El fin de semana anterior se reunirán en los recintos de vocación los candidatos a conformar la mesas de sufragios y serán los propios electores los que escojan a los vocales que administraran el proceso.
¡Tendremos muchas primarias! Y como consecuencia, tendremos muchos candidatos y candidatas para un numero similar de cargos de representación popular disponibles. Esta si es democracia.
Ciertamente que he pensado en los métodos de recolección y conteos de votos, como así mismo sobre los sistemas de información para el seguimiento del proceso. Sin embargo, sobre esta materia me encuentro preparando una propuesta técnica para ser presentada oportunamente al servicio electoral. Sospecho que puedo asegurar mi vejez con estos sistemas.
Lo reconozco. No solo de primarias vive el hombre, aunque sean totales.





