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La salud mal educada

Enviado por Hugo Martinez el 03/02/2009 a las 7:56
Hugo Martinez
Gozo de buena salud, aunque debo confesar que a mi edad ya mantengo un hábito de seguimiento a las estadísticas que empiezan a preocupar a los cuarenta y tantos. El punto es que no voy seguido al médico, pero cuando lo hago no dejo de hacer las odiosas comparaciones profesionales que generan esta reflexión.

Me costó entender cuando niño que una hora al médico no dura una hora cronológica. En mi incipiente apreciación de las matemáticas, creía que el valor de las medidas estándar, permitían justamente homologar unidades para medir valores subjetivos. Entonces, ¿por qué para un médico una hora tiene distinta duración que para un docente o para un obrero? En el caso del mundo educativo, esto se ha solucionado dándole un apellido al indicador: la hora pedagógica.

Pero más me ha costado entender por qué los médicos en muy contadas ocasiones atienden a la hora que citan. He hecho diversos intentos para controlar esta variable: tomar la primera hora de atención, visitar médicos en centros de salud exclusivos del barrio alto de la ciudad, tomar horas continuas junto con mi pareja. Con distintos márgenes, el resultado suele ser el mismo: la “hora” nunca empieza a la hora. Y en el nivel de absoluta incomprensión se ubica la respuesta de la recepcionista cuando es el paciente el impuntual: “usted ha perdido la hora”.

Convencido del valor democratizador de las nuevas tecnologías de la información, he intentado buscar antecedentes acerca de la calidad en los aspectos formales y cualitativos del ejercicio profesional de los médicos que frecuento. Nada, no existe forma de saber qué promedio de puntualidad tienen en la atención de sus pacientes, menos posibilidad existe de conocer cuál es porcentaje de acierto de sus diagnósticos o saber quién pide menos exámenes para entregar un tratamiento.

La Superintendencia de Salud ofrece un ranking de ISAPRES en su sitio Web, aunque no se refiere a la calidad de atención de los médicos, al menos es posible conocer cómo se comporta la institución de salud previsional al momento de responder a sus afiliados. Curioso es que la ISAPRE que presenta menor número de días para el pago de reembolsos, es también una de la que menos afiliados posee. En cambio, la que más demora en reembolsar posee el 19,6% del mercado. ¿Existirá suficiente información entre los afiliados al momento de escoger a quién le entregaran mensualmente el 7% de sus ingresos?

No tengo nada en contra del sistema de salud, por el contrario, podría relatar excelentes experiencias como paciente y como directo involucrado, en que la calidad humana y profesional de los médicos ha marcado una diferencia.

Lo que me preocupa, es la disparidad de información que existe entre los diversos servicios públicos y sectores que hoy debieran centrar la discusión nacional: la salud y la educación.

¿Sería posible un sistema de medición de la calidad de la atención en salud de la totalidad de los centros médicos, consultorios, consultas privadas, hospitales y clínicos? ¿Se podrían realizar evaluaciones al desempeño profesional de los médicos, enfermeras y demás profesionales de la salud que consideren grabaciones en video de su ejercicio profesional, revisión de portafolios con sus productos y opiniones de pares entre otras variables? ¿Sería factible implementar un sistema similar al Infoescuela, para conocer quiénes dirigen los centros de prestaciones en salud, cuáles son sus proyectos más importantes, con qué infraestructura cuentan, qué resultados han tenido en pruebas estandarizadas y qué financiamiento público y privado tienen?

Es posible avanzar en esta línea de generación de información y transparencia con rapidez si existiese voluntad y osadía para hacerlo.

Los recientes resultados del nuevo “Examen Único Nacional de Conocimiento en Medicina” entregados a mediados de enero último, dan cuenta de una situación preocupante: un número significativo de médicos que ejercen esta profesión no poseen los conocimientos suficientes. La información disponible permite conocer cuales son los resultados obtenidos por las facultades de medicina, pero no es posible acceder a mayores datos respecto a cómo se distribuyen los resultados de acuerdo a los sectores donde se desempeñan estos médicos. ¿Por qué si podemos acceder con toda trasparencia a los datos históricos del SIMCE de cada establecimiento educacional, no podemos saber cuál es la calidad de los profesionales que prestan servicios médicos en el consultorio al que debo asistir?

Ciertamente la calidad de la salud, al igual que la calidad de la educación, requiere ser analizada con mayor profundidad que la información que arrojan las evaluaciones y mediciones puntuales. No basta con conocer cuántos médicos no saben desempeñar su profesión, también es importante indagar sobre las condiciones en que fueron formados, los estándares de calidad de los instrumentos de evaluación y promoción con que fueron medidos durante su preparación profesional, la calidad y diversidad de las metodologías usadas por los docentes y probablemente lo más importante: su capacidad para seguir aprendiendo y manteniéndose al día en sus conocimientos y habilidades profesionales.

Esto no es justificación para defender los malos resultados, que los porfiados datos cuantitativos, nos entregan periódicamente en educación y salud.

Esta reflexión es fundamentalmente una propuesta para mirar las complejidades del sistema escolar con mayor profundidad y proyección. El camino al mejoramiento sistémico de la educación del país requiere probablemente menos declaraciones desgarradoras y dramáticas cada vez que se entregan datos sobre el SIMCE, PSU o la evaluación de desempeño docente y más capacidad de acción y consenso.

Sugiero en el intertanto, evitar atribuirle a la mala calidad de los profesores chilenos la baja calidad de los médicos. Tampoco debiéramos pensar que la impuntualidad de nuestros profesionales de la salud, es debido a que la escuela no fue capaz de desarrollar hábitos. No todos los males del país se explican en el sistema educativo, me temo que no es tan simple.

Por mi parte, intentaré mantener mi salud intacta, para no seguir realizando comparaciones profesionales odiosas.

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Enviado por Pato el 03/02/2009 a las 8:44
Pato

Yo que tu... no visitaria medico alguno, almenos hasta que se olvide esta columna :s


Enviado por Luis Sepúlveda el 03/02/2009 a las 11:46
Luis Sepúlveda

Hugo,

Buen análisis, lo leí en el mercurio también. El problema de la Salud, según mi humirde opinión, y que sé es una "verdad" que a muchos les gustaría decir a viva voz, tiene que ver también con la actitud "feudal" de los médicos, patrones de fundo, semidioses que hacen y deshacen sin tener que darle explicaciones a nadie, especialmente en el sistema público.

Bienaventurados aquellos que tienen Isapre y que en algo se mejoran las prestaciones, incluyendo la mala educación horaria de los señores médicos, que tan bien describes. Pero el destino que les depara a quienes no tienen esta suerte, es obscuro y conlleva muchos malos ratos, colas y humillaciones.

En lo personal, me carga ir al médico y en una actitud que sé que es irresponsable de mi parte, no voy a menos que salga sangre y en abundancia. Odio el hecho de tener que ir a ver un médico para que te pida exámenes, para luego derivarte a un especialista, simplemente odio perder el tiempo y mi escasa paciencia al respecto.

Cuando será el día en que esto mejore?... cuando los médicos que salgan de las universidades no tengan la pega asegurada y ganando un muy buen sueldo. El día en que tengan que competir como lo hacemos todos los demás profesionales, y tengan que salir a "buscar pega" al mercado. Es difícil, estos señores se cuidan las espaldas también...


Enviado por Jorge López el 03/02/2009 a las 22:08
Jorge López

Como paciente también me ha pasado en muuchas ocasiones que mi médico me atienda tarde, lo que me parece una falta de respeto tremenda, sin siquiera recibir una explicación por la tardanza. Más aún, cuando también soy médico y busco que mis atenciones sean lo más puntuales posibles, y si me atraso, ha sido porque un paciente tenía una enfermerdad compleja que requería mayor tiempo que el programado, o porque el centro de salud en el que trabajaba me exigía ver además de los pacientes citados, a veces hasta 10 pacientes extras que requerían atención por urgencia. 

Se muy bien que un caso particular no es extrapolable, pero puedo decir que en los dos centros de salud en los que he trabajado, ambos consultorios de salud municipalizada pero en realidades tan disimiles como Pirque y Las Condes, ha existido siempre una cultura de atención a la hora y de calidad.

Saludos


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