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No, la flauta no!

Enviado por Hugo Martinez el 16/04/2009 a las 15:37
Hugo Martinez

A principio de la década de los ochenta, un grupo de amigos aún adolescentes y llenos de energía, solíamos aprovecharnos del toque de queda y tomarnos los sábados en la noche para coludirnos en contra del sistema social que nos dominaba.
Parte importante de este hábito consideraba un momento cultural. No faltaba el que traía una muestra de poesía propia, la leía con ímpetu y emoción. Lo siguiente era musicalizar los versos, para lo cual contábamos con guitarras, diferentes instrumentos de percusión, un par de maracas (de esas que suenan al batirlas) y nuestras voces. Ciertamente  que nuestras habilidades musicales se encontraban en formación.
Hay que ser honestos y reconocer que esta inmersión creativa era facilitada por incentivos como “vino navegado”, alguna botella de pisco combinada por bebidas gaseosas de la época.
Para realizar este acto de cultura, solíamos ocupar como sede el departamento de dos generosos integrantes del grupo. Ellos, estudiantes universitarios de provincia arrendaban este refugio en una zona céntrica de la ciudad que se caracterizaba por su bohemia y pensamiento revolucionario. A pesar que el inmueble no contaba con adelantos acústicos que permitieran aislar nuestras creaciones de los vecinos, estos nunca se quejaron, jamás llamaron a seguridad ciudadana o interpusieron demanda alguna en contra de nosotros.
La actividad solía durar hasta el día siguiente. Tanto trabajo cultural solía dejarnos extasiados y era necesario ocupar gran parte del domingo en restaurarnos.
En una de esas ocasiones, en un momento de gran éxtasis uno de los anfitriones aportó un nuevo instrumento. Una flauta traversa brillante y extensa que nos deslumbró a todos. No fue fácil decidir quien sería el interprete a cargo de aportar los sonidos del instrumento de viento, que enriquecería nuestro proceso creativo.
Todos probamos sacarle sonidos a la flauta traversa. Algunos con más éxito que otros. Una vez seleccionado el flautista (cargo ocupado por quien logro ejecutar dos notas distintas), procedimos a interpretar algunas piezas artísticas de creación colectiva.
Fue en ese preciso momento, que una voz de ultratumba proveniente de alguno de los pisos inferiores del edificio se dejo escuchar: “nooooo, la flauta noooo, por favor la flauta noooo”.
El ruego fue estremecedor y ciertamente desconcentró nuestra actividad creativa. 
Suspendimos el proceso creativo y nos dedicamos a reflexionar acerca de la incomprensión al artista nacional.

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