Señor Presidente del Consejo para la Transparencia.
Quisiera felicitarlo por la puesta en marcha de la ley de Transparencia y Acceso a Información Pública. Me he divertido mucho buscando las remuneraciones de conocidos y desconocidos funcionarios del estado, comparando mi propios ingresos y carrera profesional y tratando de encontrar, antes que otros, las inconsistencias y vacíos de la información.
Pero al mismo tiempo, he entrado en estado de pánico. Sospecho que prontamente estas medidas puedan extenderse a quienes no trabajamos en el sector público y me vea enfrentado a exponer mi información personal.
Esto va a suceder irremediablemente, sino ¿cómo sabremos si los ingresos de los empleados públicos son los que corresponden en justicia, sin tener acceso a los ingresos de profesionales similares en el mundo privado? ¿Cómo sabremos si los valores de los servicios, asesorías y adquisiciones son adecuados, sin comparar las tarifas que se pagan por las mismas transacciones fuera del estado?
No se confunda con mis intenciones. Apoyo fervorosamente el acceso a la información. Me encantaría saber si lo que pago en gastos comunes en el edificio donde vivo es similar, menor o mayor a lo que pagan los vecinos del edificio del frente. Estaría muy agradecido de conocer las remuneraciones de los directivos de mi AFP y saber si los montos varían cuando mis fondos previsionales aumentan o disminuyen como consecuencia de sus decisiones. Prestaría mucha atención si pudiese conocer con detalle, cuánto gastan en publicidad los productos que acostumbro a consumir y por lo tanto, saber cuánto del costo de avisos en la televisión pago yo al comprar mi pasta dental. Probablemente, incluso podría modificar mis hábitos de consumo si conociera las prácticas laborales de las cadenas de multitienda, a las que acudo con cierta frecuencia.
Si a usted o a otros ciudadanos le interesa mis ingresos personales (dado que una parte importante de ellos proviene indirectamente de contratos con el estado), le pediría que analizara esta información revisando también el cumplimiento de mis compromisos laborales. Creo que es más útil saber qué es lo que aporto y no aporto concretamente, que saber cuánto me pagan por hacerlo. Preferiría, que al igual que mi jefe y clientes, usted me juzgara por mis “egresos productivos” y no por mis ingresos.
Pero hay cosas que hago, digo, pienso y frecuentemente imagino que realmente preferiría que se mantuvieran en mi cerrado y controlado círculo íntimo. Le reconozco que algunos de mis actos no son muy presentables, o al menos no califican como de interés público. No le daré más detalles sobre estos asuntos.
Finalmente, quiero expresarle que para los que luchamos día a día contra el sobrepeso, ser transparentes puede llegar a ser un insulto. Me temo que soy fundamentalmente sólido.





Pues lo que es yo, soy translúcido desde el día que nací, pese a los esfuerzos de mi santa madre por hacerme menos transparente. Es que ella es muy óscura para sus cosas.