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Indocumentado víal

Enviado por Hugo Martinez el 27/05/2009 a las 22:55
Hugo Martinez


Sucedió. En veinticinco años de experiencia atrás del volante nunca había ocurrido, lo que definitavemente no es garantía que no ocurriese nunca.
Simplemente me distraje, salí tarde de la casa y olvide tomar los documentos del auto. Cuando me di cuenta, ya estaba lejos de mi hogar y me desplazada por una autopista urbana de alta velocidad, justamente a alta velocidad.
Nada que hacer, era igualmente riesgoso volver por los documentos que continuar mi viaje si ellos. Opté por lo segundo, opté por la indocumentación víal.
Al final del día hice mi balance de la experiencia.
Fue emocionante sentirse clandestino, fuera de las reglas y rompiendo la barrera de lo permitido. Reconozco que esa sensación con sabor a adrenalina me cautivó y me sedujo cada vez que se apareció en mi trayecto algún atisbo de policía del tránsito, inspector municipal o escolar secundario dirigiendo el cruce de peatones frente a la escuela.
Cualquiera en la calle fue un potencial peligro para  mi integridad jurídica como conductor.
Los peatones imprudentes no me generaron rabia alguna. Casi me detengo para pedirle disculpa a una señora que insistió en cruzar a mitad de calle.
Si alguien prendía sus intermitentes para cambiar de pista, procedía a frenar de inmediato permitiendo que lo hiciese, sin someter al otro conductor a presión social alguna.
En un par de cruces me tocó estar en primera fila al momento de esperar el cambio de luces. Estuve atento a salir al primer esbozo de luz verde, no fuese cosa que el conductor del auto que me sucedía, pudiese sentir que le impedía su libre circulación.
No sobrepase la velocidad máxima, me detuve en las luces amarillas y entregué buenas monedas a cuanto malabarista, mago, equilibrista y presdigitador actuó frente a mi.
Evite tomar alcohol. Inclusive intenté extraer los restos de colonia y desodorante que tenía mi cuerpo, no fuese cosa que estas sustencias alteraran eventuales muestras de restos de etanol en mi organismo.
En resumen, no recuerdo haber conducido en forma tan prudente y cuidadosa antes de este día. Si se le agrega el componente adrenalínico, debo señalar que el día fue excitante.
Estoy pensando en volver a dejar los documentos mañana, pero no va a ser lo mismo. No sirvo para hacerme trampas a mí mismo.

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Enviado por Angela Guzmán el 27/05/2009 a las 23:23
Angela Guzmán

Ja!... a mi, como buena mujer al volante, me ha pasado varias veces. Y cada vez que me sucede, siento la adrenalina. Pero más que adrenalina es "urgimiento" jajajajaa... 

Lo último fue conducir con el carnet de identidad vencido!!. Como vence en la fecha de los cumpleaños, este año se me olvidó que era ESTE EL AÑO en que me vencía... así que aduve 3 días con la licecia vencida, hasta que alguien por ahí me lo recordó.

Y... yo tampoco sirvo hacerme trampas a mi misma: como lo típico, que es adelantar el reloj para creer que es más tarde de lo normal.

Saludos!


Enviado por Luis Sepúlveda el 28/05/2009 a las 10:05
Luis Sepúlveda

Me recuerda cuando fui de vacaciones para el Sur (bueno, para mí sur, esto es Chiloé) con la licencia vencida (que es lo mismo que no tener), fue una semana llena de emociones :-)

Siguiendo a camiones, a buses, para "pasar piola" detrás de ellos, al fin, cuando llegué a mi casa de vuelta, recién pude descanzar!!

Saludos!


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