
Es primera vez que cumplo cuarenta y cinco años. Al menos en esta vida, no me había sucedido antes.
Lo realmente curioso de la situación, es que la cifra y la realidad no me calzan. Por una parte, al intentar revisar los 16.436 días de vida se me aparecen muchos nombres, lugares, situaciones, momentos de alegría y tristeza, familiares y no familiares a los que extraño (y otros que preferiría no frecuentar), aulas, campus, aeropuertos y ciudades por las que he tenido el privilegio de pasar, olores y sabores que nunca he tenido suficientes categorías de clasificar, etc. Muchas historias para 2.348 semanas.
Me tocó nacer en un país divido y enfrentado, acompañando a mi abuela en las filas del ALMAC para conseguir una ración más de aceite. Siendo niño, aprendí cómo se ve el humo luego de un bombardeo aéreo y me acostumbré a ver militares en traje de campaña cada vez que iba al Colegio. Fui protagonista en la recuperación de la democracia y aprendí a diferenciar entre el sonido de las balas trazadoras y el de las bombas lacrimógenas. Viví intensamente la fe y la encarne en la posibilidad de vencer a la fuerza bruta con la paz y la razón. Forme familia y crecí profesionalmente en proyectos sociales que buscaban resolver inequidades sociales, a través de políticas educativas eficientes y positivamente discriminadoras. Muchas cosas pasaron en muy poco tiempo.
Pero cuando me levanto cada mañana, me sigo sintiendo un niño jugando en el jardín de mi casa con mi padre mirándome desde la puerta. Prefiero jugar en mi trabajo antes de realizar planificaciones estratégicas que organicen cada detalle de lo que hago, prefiero generar espacios lúdicos antes que los formales y me resisto a usar corbata y trajes de un solo color. Creo que las cosas siempre se pueden explicar en forma simple y que el mejor método de investigación reside en el irrenunciable derecho a equivocarse y aprender. Necesito hacer cosas entretenidas, nuevas, desafiantes. Las tareas rutinarias me aburren, igual que aquellas que no generar ningún valor. Entonces, miro mi documento de identidad, reviso fechas y debo convencerme que soy un adulto. No es fácil seguir siendo un adolescente en exploración permanente, instalado en un cuerpo de adulto.
Pero el hardware es más fuerte y los famosos índices asociados a la fatiga de material se hacen sentir. Ya no alcanzo a llegar a las 4 de la mañana en las fiestas, sin tener consecuencias evidentes en las próximas 72 horas. A pesar que no fumo hace muchos años, evidentemente he perdido centímetros cúbicos en mis pulmones porque en ciertas circunstancias que no vale la pena detallar, la recuperación de oxigeno es más lenta.
Probablemente por esto mismo prefiero andar en auto que caminar y opto por las autopistas, antes que las vías tradicionales. Me gustan los supermercados con menos atochamiento en los estacionamientos y en los pasillos, aunque sean más caros. Me resisto a usar servicios que no pueda contratar, pagar y descontratar sentado en frente de mi computador. Cada día estoy menos tolerante a las conductas poco inteligentes y a la intolerancia de otros.
Es primera vez que me pasa que cumplo 45 años y espero que los próximos 45 sean igual de desalineados entre el tiempo vivido y el tiempo gozado. Eso espero.





Mi estimado Cuenta Cuentos,...
comparto lo que dices y me quedo con tu frase "Prefiero jugar en mi trabajo antes de realizar planificaciones estratégicas que organicen cada detalle de lo que hago" frase que la hago mia,.. y la proxima vez que me reten o llamen la atención por ello pordre decir orgullozamente que "EL HUGO ME DIJO"
Del hardware o liveware,... hay estrategias para si no mejorarlo al menos mantenerlo,... defragmentarlo de vez en vez y borrar u organizar los temporales,... al respecto podemos conversar,...
un abrazo,.. gracias por existir y feliz cumpleaños,...