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Me faltó la levadura

Enviado por Hugo Martinez el 26/03/2010 a las 8:56
Hugo Martinez

http://www.elblogsano.com/wp-content/uploads/2009/03/levadura_cerveza.jpg

Hay cosas que es mejor contarlas, tiempo después que han sucedido. A lo embarazoso del asunto, hay que sumarle el trauma de no poder explicar ni explicarse cómo se llega a momentos y experiencias impresentables.


Hubo un terremoto en Chile y, como a muchos compatriotas, se me movió el piso, las paredes, el techo y todo lo que estaba a mi alrededor. Pero el movimiento no terminó a los dos minutos y medio. Trascendió a esa noche.


A menos de cuarenta y ocho horas de acontecido el gran sismo, me aventuré a buscar provisiones al supermercado. Reconocerlo ya es bochornoso, porque al mirarlo en perspectiva, concluyo que podría haber sobrevivido varios días sin necesidad de salir de mi hogar. Pero el clima de zona de catástrofe sumado a la amenaza de fin del mundo, tal como lo conocemos, me generó una compulsiva y ficticia necesidad. Pero este fue sólo el comienzo.


El supermercado, al que acudo con cierta frecuencia, era otro. No creo que tendré la oportunidad de volver a ver en mi experiencia de consumidor, señalética de la administración pidiendo comprar lo justo y necesario. Antipropaganda institucionalizada, la llamaría yo.


La densidad poblacional de los pasillos del recinto, sobrepasaba cualquier expectativa y diseño razonable. Simplemente, clientes y carros no cabían. Estos últimos, no lograban contener los grandes volúmenes de productos que los consumidores, consideraban de primera necesidad, No logro entender todavía, por qué se llevaban todo el papel higiénico disponible en las estanterías. Sospecho algunas posibles relaciones entre el terremoto, el miedo y la sobre demanda de papel higiénico. Aún así, parecía exagerado. 


Si me pareció razonable aprovisionarse de toda la cerveza disponible, es sabido que sus propiedades saludables pueden beneficiar distintas crisis que se presentan en momentos de angustias. Lo curioso, es que las personas que llevaban mucha cerveza no consideraban la adquisición de papel higiénico.


Ahí estaba, en medio de esta fiebre del consumo desatado tratando de avanzar hacia los pasillos, donde mis objetos de deseo para épocas de catástrofe, se encontraban disponibles. 


De improviso y de entre medio de la multitud, aparece una respetable señora sin mayores rasgos diferenciadores que su carro atestado de sacos de harina, que me dirige la palabra para formularme la pregunta que cambiaría mii experiencia sísmica para siempre: “¿usted sabe donde está el pasillo de la levadura?”


Sabía usted que se vende levadura en los supermercados. Yo lo aprendí ese día. No supe responderle, nunca he comprado levadura en el supermercado. Pero recordé historias infantiles de antaño y asocié que el producto se requiere para preparar pan, entonces decidí que yo también necesitaba levadura para enfrentar la emergencia. Cuando llegué al pasillo correcto, me encontré con un empleado que informaba que el producto se había agotado. Me molesté conmigo mismo, por no haber atinado con anterioridad y con el supermercado, por no tener suficiente inventario de levadura. 


Con mi rabia en desarrollo, decidí que lo que necesitaba era harina. En medio del intento por llegar al nuevo pasillo de destino, recordé que nunca he preparado pan en mi vida y que no tengo idea de cómo usar levadura para su preparación....y que no sabría diferenciar entre harina y maicena.


¿Qué estaba haciendo? Vino entonces una mezcla de verguenza, ironía y algo de incertidumbre. 


Afortunadamente, nunca me faltó pan y no requerí aprender a amasar y hornear. Casi un mes después, todavía estoy preguntándome que más se me movió con el terremoto.

 

Imagen: http://www.elblogsano.com/2009/03/25/levadura/

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