
Suelo tener problemas con los guardias de seguridad. Probablemente resabios de mi rebeldía ante la autoridad o algún tipo de xenofobia al oficio de los vigilantes.
Como sea, cada vez que accedo a algún edificio u oficina y me intercepta un guardia que me pide identificarme o señalarle a quién estoy visitando, inevitablemente me siento violentado.
Capaz que sea víctima constante de un síndrome de persecución, por que siempre creo que estos resguardadores de la seguridad privada ven en mi a alguien sospechoso, que debe ser cateado con precisión.
El punto más complejo es cuando me piden mi cédula de

